sábado, 18 de enero de 2014

Cuando alcances,,,,


Cuando alcances la edad en la que escuches
hablar a las encinas, cuando cuentes
las horas en relojes de alquiler
y el sol no se derrame en las terrazas
a la hora del vermú,
cuando ya no te importen las fases de la luna
ni en qué veranos crucen los próximos cometas,
cuando no estés atento a las mareas
ni al ciclo de las lluvias, ni te acuestes
abrazando una estrella, cuando ocurra
que el mar no tenga playas y les llames
por su nombre de pila a los océanos…
será entonces, amigo,
cuando entiendas
por qué el mundo no cabe en el cuenco de tus manos,
por qué no roza el viento en tus ventanas,
por qué duele la noche,
por qué lloran los álamos, por qué
se acortan día a día tus zancadas,
por qué se alargan tanto tus silencios
y por qué, amigo mío
hoy te tiembla la voz cuando me dices
que cada amanecer es un desierto.

jueves, 16 de enero de 2014

Yo vengo,,,,,,




Yo vengo de una infancia en que llenábamos
de nubes los bolsillos,
yo vengo de una infancia en que aprendíamos
a amar a las palmeras
y al olivo
y al mar en las postales, de una infancia
con silencios en números romanos
y entierros en latín,
yo vengo de una infancia en que cortar
un rosa al rosal era un delito
y pecado mortal mentar el hambre,
yo vengo de una infancia en la que a nadie
se le ocurrió advertirme –por descuido-
que aquello era mi infancia.
De mi tierra…,
¿qué decir de mi tierra si aunque suene
mi voz en la diáspora aún surcan
torcaces por mis sueños y son cárdenas
las líneas de mi piel?
Yo vengo de una tierra en que a los hombres
les crecían ortigas en los párpados
de escrutar cada noche el firmamento
y conciliar los hijos con los panes.
Yo vengo de una estepa
de horizontes enormes que tronchaban,
a lo lejos, las vagas siluetas de unas cumbres
apenas esbozadas,
aquí o allá, algún chopo, una alameda,
el frescor de una encina, el pino albar,
el plumaje leonado de un sisón,
un millón de gorriones y  en los cielos
el vuelo cereal de una avutarda
dibujando su sombra en los barbechos
o rozando el dolor de los trigales.
Yo vengo de una tierra y de una infancia
donde no creció el llanto, porque el llanto
no podía espigar en las besanas,
de una tierra
que me puso en los ojos las saetas
de blancos minaretes ensayando
dianas en la tarde,
de una infancia
que me dejó en herencia la memoria
de tiempos no contados.